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Claves

La divulgación. El color de la ciencia (1)

Cultura y conocimiento científico

Los resultados de la actividad científica y tecnológica tienen una repercusión indiscutible en las sociedades “occidentales”. La presencia de la ciencia y sus aplicaciones podemos apreciarla en la salud, la alimentación y la vivienda, también en el transporte, las comunicaciones y el ocio, así como en el trabajo, la economía y el medioambiente. Sin embargo, su reflejo es nulo en la cultura ciudadana por lo que se hace indispensable ampliar la educación científica de la población y proponer el uso de los medios de comunicación, con lo que se ha denominado “Comunicación Pública de la Ciencia”. 
 
En una sociedad como la actual, donde las aplicaciones de la ciencia y la tecnología están presentes en lo cotidiano de cada individuo, es de suma importancia la divulgación de los hallazgos científico-tecnológicos. Este planteamiento cobraría toda su transcendencia, si la opinión y la participación de los ciudadanos también estuviese en la base de cualquier decisión política para representar de verdad y consecuentemente los intereses y necesidades de la colectividad en su conjunto. Nada nuevo, como por otro lado señalan de manera ambigua las cartas magnas de la mayoría de los estados. No obstante, y si lo anterior se cumpliera, la información realizada por los profesionales de los Medios de Comunicación Social se haría indispensable para elaborar un cauce educativo sobre el que discurriera la comprensión del valor de poseer una cultura científica imbricada en las necesidades de la sociedad.
 
Se puede definir la cultura como el conjunto de expresiones simbólicas, pautas de conducta y habilidades para actuaciones prácticas que están en la base de la comunicación y la acción y que sirven como herramientas para la organización y el entendimiento social. Así, podemos decir que la cultura se asemeja al lenguaje en el sentido que puede emplearse para distintos tipos de mensaje, y crece su importancia en proporción al número de personas que lo emplean. La cultura siempre es compartida: los conocimientos, las lenguas, la resolución de los problemas y conflictos, etc. Por consiguiente, también podemos definir a la cultura científica como herramienta de comunicación y acción práctica, resultado del conocimiento de contenidos y de la aplicación concreta del método científico de las ciencias.
 
La cultura científica debe de ser útil a todas las personas, tanto a nivel individual como al conjunto de la sociedad. Nunca debería desarrollar su acción exclusivamente con el carácter que se nos presenta en la actualidad: no solo conocer contenidos escolares o noticias de ciencia y tecnología, sino más bien tratar de poner al alcance de las personas la información, las ideas y la capacidad para pensar y actuar a partir de "islotes de racionalidad", tal como los define el físico, filósofo y matemático Gerard Fourez, y que deberían de construirse partiendo de experiencias y prácticas.
 
Es importante que la cultura científica constituya un recurso educativo ampliamente difundido en base a cuatro razones esenciales.
 
La primera, construir una base de conocimientos científicos (islotes de racionalidad) que nos permitan buscar y entender la información adecuada que no poseemos. La cultura científica consiste en "saber hacer" más que “poseer”. La segunda nos permitirá evaluar alternativas teniendo en cuenta aspectos que están más allá de las percepciones inmediatas. Con la tercera de las razones comprenderemos que los conocimientos científicos nos ayudan a tener mejores criterios de previsión y seguridad. Por último, y una vez interpretados los modos y los procedimientos utilizados por los principales protagonistas de la actividad científica, los investigadores y los técnicos, con el fin de aislar los problemas y plantear resoluciones, debemos de intentar  su aplicación en temas distintos del contexto original para el que fueron creados.
 
La distribución de este recurso se manifiesta de manera muy desigual entre la población. De manera preocupante podemos observar que las cuatro quintas partes de la misma tienen poco nulo acceso a la llamada "cultura científica" y tal carencia conduce a una serie de desventajas para toda la sociedad. Un importante sector de la población no alcanza los conocimientos científicos o lo hace de manera incompleta o distorsionada, ni dispone de los recursos y beneficios prácticos de lo que aquí llamamos cultura científica, tampoco tiene claras motivaciones para cambiar su situación. Paralelamente, existen otros sectores urbanos que por su educación, sus antecedentes o por sus capacidades económicas están más convencidos de las bondades de la educación y la cultura científica. Suelen tener un buen acceso a las fuentes del conocimiento, hasta tal punto que llegan a subsanar las deficiencias escolares de sus hijos con clases particulares, enciclopedias, libros, Internet, etc. Estos grupos minoritarios, digamos que constituyen una quinta parte de la población. Conviene recordar que aquellos estados que incorporan la ciencia como cultura obviamente cuentan con los índices más altos en calidad de vida. Tales son los países escandinavos, Australia, Suiza, Alemania.

Manoel Toural Quiroga
Cultura Científica y Comunicación (ICP-CSIC
CCC2013/001

 
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